Alfred Hitchcock
Hitchcok fue educado en el catolicismo y durante un tiempo fue consecuente con la práctica que implica la aceptación de la fe. Aunque él nunca fue claro con respecto a su fe en los últimos años de su vida, en opinión de Gutiérrez Recacha podemos decir que algunos de sus filmes son católicos. Para el autor, la idea que se desprende del cine de Hitchcock es moral y trata sobre la noción, la culpa y la posibilidad de transferencia de la misma. «En las películas de Hitchcock con frecuencia se da cierta equiparación entre el inocente y el culpable». Por ejemplo, observamos que el protagonista hitchcockiano, al enfrentarse a los criminales puede verse obligado a recurrir a los mismos métodos de estos y terminar siendo un criminal.
A veces la culpabilidad del protagonista es previa a que se le impute un crimen, pero también existe otro mecanismo de transferencia de la culpa: la confesión. Absolutamente todos podemos ser culpables, todos podemos caer en cualquier momento. Esto tiene mucho que ver con la verdad antropológica —católica— de la libertad humana y la doctrina del pecado original. Lo que equipara en el cine de Hitchcock a los personajes entre sí y con el espectador es su naturaleza humana falible. Cuando el héroe hitchcockiano escapa de su hundimiento, con frecuencia se debe a actos aparentemente azarosos que pueden ser leídos como meras casualidades o como acción de la gracia providente (como en el cine de Hathaway). Las dos películas de Hitchcock consideradas católicas son Falso culpable (1956) y Yo confieso (1953).
Falso culpable comparte mucho con Yo creo en ti pues en ambos filmes ocurre un hecho sobrenatural abierto a la interpretación del espectador; una oración desesperada y un acto de fe preceden al suceso extraordinario. Es decir, un inocente es falsamente culpado; el protagonista es católico; hay una madre cuyo papel es decisivo; la narrativa es realista y basada en hechos reales; y la intervención de Dios es acorde con la «imaginación católica».
En Yo confieso aparece la cuestión de la culpa transferida a un sacerdote a través de la confesión. El filme está lleno de referencias cristianas, desde el protagonista —sacerdote— hasta su entorno. Muchas imágenes equiparan la situación personal que vive este sacerdote, que es erróneamente acusado, con el proceso de la Pasión de Jesucristo. Asegura Gutiérrez Recacha que esta película es tan católica que si no se conoce en profundidad la fe católica o no se vive, la verosimilitud de la obra desaparece.
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